La revolución ahora será transmitida

Un poquito de tanta verdaddEl documental de Jill Freidberg “Un Poquito de Tanta Verdad” muestra cómo el Pueblo de Oaxaca (México) tomó el espacio de las ondas de radio y televisión. La nueva productora de Jill Freidberg Corrugated Films, en colaboración con la televisión Mal de Ojo de Oaxaca, ha realizado el documental “Un poquito de tanta verdad”. Narrado en español con subtítulos en inglés, muestra la ocupación de la capital del estado de Oaxaca, así como de otras ciudades y pueblos. El enfoque de “Un poquito de tanta verdad” arroja luces sobre el movimiento de la Asamblea Popular en Oaxaca: el reclamo por parte de la ciudadanía para acceder a los espacios de comunicación masiva.

Con anterioridad a este documental, Jill Freidberg, de Seattle, registró la consolidación del sindicato democrático de maestros, con el documental “Granito de arena” (2005), ignorado por las las cadenas públicas y privadas de televisión. Este documental es un recuento detallado de la lucha del sindicato de maestros por romper el control anti democrático del sindicato nacional de maestros: una victoria que motivó a otros sindicatos para que hicieran lo mismo a lo ancho y largo de México. El 14 de Junio del 2006 – cuando la policía estatal del gobernador Ulises Ruiz trató de aplastar violentamente las protestas en la ciudad de Oaxaca, la venta y distribución por Internet del documental "Granito de arena" se incrementaron y le proporcionaron suficientes fondos para para regresar a Oaxaca repetidamente, durante el año 2006 y 2007, para grabar cientos de horas de vídeo.

El primero de Agosto del 2006, cuando miles de mujeres oaxaqueñas ocuparon pacíficamente el Canal 9, la estación estatal de televisión, el video “Granito de arena” –junto con tres noticieros en vídeo que Freidberg ayudó a producir con Narco News, al principio del 2006, acerca de los movimientos sociales en el estado –fue difundido a lo ancho y largo de Oaxaca, precisamente cuando los ojos y oídos de casi todos sus habitantes traspasaban la pantalla, repentinamente liberada. Por primera vez, en México o en cualquier otra parte de Estados Unidos, los medios Independientes habían llegado en primicia hacia una audiencia masiva.

La caída de la radio

“Un poquito de tanta verdad” comienza en los estudios de producción de Radio Plantón, una estación de radio comunitaria ( que se conoce como Radio Pirata) que se encuentra en la ciudad de Oaxaca y que ya había estado transmitiendo anteriormente la huelga de Mayo del 2006, cuando se lanzó la Sección 22. Un locutor voluntario habla en el micrófono acerca de los disturbios antimotines, de la represión policíaca que tuvo lugar a principios de Mayo en el pueblo de Atenco, de los prisioneros políticos atrapados, y del estado de coma de Alexis Benhumea, gravemente herido en la cabeza por un cartucho de gas lacrimógeno fabricado en los EUA. Cuando anuncia: -“No habrá clases la próxima semana”-, escuchamos el alegre bullicio de niños escolares.

Una narradora resume los 26 años de historia del Sindicato de Maestros, y los escasos recursos a los tienen acceso los estudiantes – que muchas veces van a la escuela hambrientos (algunos maestros de allí pagan de sus propios bolsillos para alimentar a los estudiantes). – a lo ancho y largo del empobrecido estado de Oaxaca.

El abrasivo estruendo de los presentadores de la televisión comercial llena entonces la pantalla, hablando con rimbombancia acerca de la “ilegal” y “pequeña” ocupación de las calles de la ciudad de Oaxaca por parte de los maestros, “ que bloquea el derecho al libre tránsito”. Pero Radio Plantón, al mismo tiempo, está recibiendo una inundación de llamadas en vivo por parte de padres, familiares, estudiantes, miembros del sindicato de trabajadores de electricidad, y otras personas del público que apoyan la huelga y sus demandas para incrementar el salario mínimo de todos los trabajadores en Oaxaca, así como para proporcionar libros, útiles escolares y alimentos a los niños. “El teléfono comenzó a sonar hasta que se descolgaba solo”, comenta un locutor de la radio comunitaria.

En el documental, escuchamos las temerosas pero perseverantes voces de los locutores, que salen a través de Radio Plantón – en la madrugada del 14 de Junio- mientras la policía estatal entra violentamente a los estudios, destruyendo el equipo mientras la estación sale del aire. La emisora fue el blanco principal de esa invasión policíaca. Vemos las bombas lacrimógenas que los helicópteros disparan sobre la ciudad, y a los heridos relatando, desde sus camas de hospital, cómo los ataques directos de las bombas desgarraban pieles humana que ahora se encontraban cubiertas con vendajes.

Y entonces somos testigos de un milagro: vecinos a lo ancho y largo de la ciudad, a pesar del peligro, salen de sus casas en masa, iracundos, particularmente las amas de casa y mujeres. Luego se juntan con los manifestantes para darse la vuelta y perseguir a 3,000 policías que vienen del centro de la ciudad fuertemente armados, con escudos, cascos y artillería pesada.

La radio regresa

David Venegas,quien actualmente es un prisionero político, cuenta en el documental, cómo, simultáneamente, los estudiantes de la UABJO (Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca) se apropiaron de la estación de radio universitaria, después de que hubiera caído Radio Plantón. Una nueva ola de llamadas telefónicas entra torrencialmente a los estudios de Radio Universidad y se difunden en vivo. Treinta mil personas salen a las calles para participar en lo que entonces fue la más grande marcha en la historia del estado (hubo marchas posteriores que sobrepasarían las 100,000 personas, en donde se exigió el despido del corrupto y tiránico gobernador). Vemos la creatividad de los manifestantes: gigantescos muñecos andando en zancos, ataúdes representando la democracia, un helicóptero con incienso de copal, para simbolizar el gas lacrimógeno que había envuelto la ciudad, y una enorme marioneta del desgraciado gobernador Ruiz, representado como una rata.

Las cámaras nos traen hasta las reuniones comunitarias en las que la asamblea popular de la APPO cobra vida, y narran la historia del debate impulsado por participantes indígenas, que cambió el nombre del movimiento de Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca al de “Pueblos” de Oaxaca, en plural. Aquí, y en otros momentos del filme, Freidberg no divaga acerca de las dificultades y diferencias entre diversos sectores del movimiento. Aunque el filme inspira y presenta un argumento convincente de la ilegitimidad del régimen de Ruiz y la justicia de la causa pro-democracia, no se convierte en propaganda. Las auto-críticas que se hacen muchos en el movimiento son también parte de la historia, y con frecuencia reflejan las contradicciones que se constituyen como un reto para conservar la unidad de los movimientos sociales en cualquier lugar de la tierra: gobierno democrático versus liderazgo de arriba hacia abajo, no violencia versus uso de la fuerza, pluralismo versus sectarianismo, y apropiarse del poder del estado versus reemplazarlo con algo más, algo diferente.

Casi tres semanas después de la violencia del 14 de Junio, y el levantamiento popular que la hizo retroceder , vino la elección nacional presidencial a principios de Julio, con un resultado marcado por el fraude electoral, hasta el extremo de que se registró un robo de 1.5 millones de votos a lo ancho y largo de la nación. La APPO, aunque rechaza a los partidos políticos – incluyendo aquellos de izquierda o centro-izquierda – impulsaron un “voto de castigo” contra el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Ruiz. De esta manera, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), de centro-izquierda, ganó nueve de los 11 distritos electorales de Oaxaca para el congreso. De nuevo, el documental muestra la amarillista y estridente deshonestidad de lo que el periodista Carlos Fazio explica como el duopolio del control de los medios televisivos por parte de Televisa y TV Azteca. El Canal 9 del estado muestra como el acechado gobernador se tuvo que ver forzado a cancelar el festival anual de la Gueleguetza- la joya de la corona del turismo en Oaxaca – , argumentando que se “pospone” para que los “radicales” no sean capaces de “entorpecerlo”.

Los maestros Indígenas explican a los espectadores del documental la historia cultural que hay detrás de la Guelaguetza. Entonces seguimos a las cámaras hacia un desfile o mojiganga, estilo carnaval, realizado por decenas de miles de manifestantes que hicieron su propia Gueleguetza popular: un evento al que usualmente cuesta cientos de dólares asistir – en donde se representa en un gran escenario a la mayoría de los pueblos indígenas, cuyas tradiciones, danzas y trajes se ponen en exhibición -, se convierte en una celebración gratuita. Esa es “la verdadera fiesta,” donde hay niños cantando :“¡Ya cayó! ¡Ulises ya cayó!”

De regreso a la TV nacional: Los medios comerciales describen la celebración pacífica y gozosa como un acto de “violencia y anarquía” realizado por “pequeños grupos.” Pero las cámaras de este documental muestran a una multitud masiva y feliz. En particular miramos, a un lado de la gigantesca fiesta tamaño estadio, a un joven padre, José Jiménez Colmenares, quien juega alegremente con su hijo.

La Toma del Canal 9

Un locutor de Radio Universidad anuncia la llegada de una marcha realizada por mujeres de la APPO y de organizaciones adherentes, que tendrá lugar el 1º. de Agosto. Para ello, las organizadoras le piden a sus hermanas traer ollas cazuelas, sartenes y cucharas de madera para hacer ruido.

Unas 2000 mujeres marcharon hasta zócalo en contra del Gobernador de Oaxaca (México). Mostraron su enojo ante la falta de escuelas de calidad y, más recientemente, en contra del cobro de cuotas de inscripción en las escuelas públicas, así como la compra de libros y uniformes. Un grupo de 350 mujeres fueron hasta las instalaciones del canal de televisión estatal Canal 9. Nadie las detuvo. En menos de una hora, las mujeres telefonearon a Radio Universidad, la estación de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), para anunciar que tenían dos estaciones de radio funcionando desde el lugar, una en AM y otra en FM, pero que no había señal de televisión. Contaron que no hubo oposición ni violencia y que nadie resultó lastimado. Pidieron a los oyentes refuerzos tales como guardias, comida, agua y gente que supiera operar cámaras de televisión.

Por la noche, el Canal 9 volvió a emitir. El sonido era terrible, lleno de estática, pero ahí estaba. Una abogada, presentó ante las cámaras a media docena de mujeres, sentada frente a una pancarta que decía "cuando una mujer avanza no hay hombre que se detenga". Tomaron turnos frente a un micrófono en mano: "De manera pacífica hemos tomado el canal que le pertenece al público".

Las mujeres que participaron ese día fueron entrevistadas continuamente durante el documental, donde relataron sus logros orgullosamente. Una describe lo que ocurrió como “Un poquito de tanta verdad”, de donde el filme saca su título. Otra explica: “ ponemos videos que ellos no sacan al aire”. El salón de asambleas se hizo tan ancho como el estado en todos los hogares y comercios, al mismo tiempo, a través de las ondas aéreas de televisión, ahora controladas democráticamente por miles de personas. Las mujeres denuncian que los medios comerciales aseguraron que solamente 200 de ellas se habían tomado la estación, cuando en realidad fueron 10,000.

Cuando vemos el documental, estamos ahí con las mujeres, que se reúnen para discutir cómo conducir la estación de TV, mientras hacen tareas relacionadas con seguridad, barren y preparan alimentos para los ocupantes. Un grupo de mujeres en una cocina canta: “Con las bolas de Ulises haremos un huevo y lo herviremos”, mientras otras lanzan pullas al gobernador, al aire, retándolo para que “venga al Canal 9” y trate de sacar a la gente de allí, él mismo, en persona.

Mientras, los hombres de la APPO hacen turnos para rodear y proteger el transmisor de la estación de TV que está en la cima del cercano Cerro del Fortín. La reacción por parte del gobernador es violenta: envía matones para que ataquen las instalaciones del diario crítico “Noticias”, el más leído en el estado. Los Infiltrados vierten ácido sulfúrico sobre el transmisor de Radio Universidad, mientras los paramilitares crean una distracción disparando balas hacia el estudio desde el exterior. La Policía vestida de civil y con una camioneta sin placas secuestra al líder social Germán Mendoza Nube, con todo y su silla de ruedas. Y durante una marcha masiva, por parte de la APPO, un pistolero asesina a José Jiménez Colmenares, el hombre al que vimos jugando con sus hijos en la Guelaguetza.

Sectas, Vidas y Video

Durante los días de la toma del Canal 9, las autoridades cortan los retransmisores en todo el estado. Pero la estación de televisión popular continuó transmitiendo en los populosos valles centrales y en la capital del estado. El 23 de Agosto, después de tres semanas al aire, bajo una luna llena, este capítulo histórico para los medios de comunicación del pueblo, le dio paso a otro. Los pistoleros atacaron la antena, haciendo del Canal 9, después de la destrucción de Radio Plantón y Radio Universidad, el tercer medio masivo que fue sacado del aire por el régimen.

La respuesta del movimiento fue instantánea. Diferentes organizaciones miembros de la APPO se desplegaron y tomaron 12 estaciones de radio comercial: las frecuencias de AM y FM que previamente habían ofrecido música pop y distorsionado las noticias en pro del gobierno. La cadenas de TV comercial nacional dirigen sus quejas a la República entera: “Parece que este es el momento de los radicales”, asegurando que las tomas de la estaciones de radio habían sido llevadas a cabo por una “guerrilla urbana”. Las estaciones de radio popular desarrollaron un importante papel logístico para el repliegue y el contra-ataque, al enfrentar la ola de represión estatal, alertando al público hacia las locaciones de convoys paramilitares, o a donde se hubieran escuchado disparos. Fue así como los vecinos se encaminaron a cada una de las zonas en conflicto para protegerse unos a otros, convencidos de que la unión hace la fuerza.

Las más de 1,000 barricadas erigidas en las intersecciones, en toda la capital del estado, “no sólo son para la defensa, sino un punto local de enfoque para la organización”, dice David Venegas, uno de los narradores más coherentes del documental. Prisionero político actualmente, las tendencias anarquistas de Venegas le han causado que sea vilipendiado por algunos adherentes a organizaciones Marxistas-Leninistas más sectarias, que forman parte de la multi-colorida APPO. Otro hombre explica que la clave para el éxito de este movimiento es tomar pueblos y ciudades enteras, rescatándolos de un régimen represivo, rompiendo así con el “individualismo” de la sociedad, hacia una forma más comunitaria de organización.

A Abbie Hoffman le hubiera gustado ver, casi cuatro décadas más tarde, cómo su profecía de 1967 se hacía realidad: los medios, y quien los controla, se convirtieron en algo tan importante como la fuerza de las barricadas en las calles, o incluso más El columnista de La Jornada, Luis Hernández Navarro, dice en el documental: “es imposible imaginar” lo que ha ocurrido en Oaxaca “sin la radio”. Los radios móviles –los útiles “walkeetalkees” (“comunícate mientras caminas”) a través de los cuales la gente que asistía cada barricada se comunicaba entre sí – eran igualmente vitales. Finalmente, el movimiento regresó 10 de las 14 estaciones de radio comercial a sus propietarios. Pero brotaron conflictos internos entre facciones políticas divergentes que luchan por el control de lo que ahora es un número limitado de estaciones de radio en manos populares. Un líder indígena de Guelatao – lugar de nacimiento del legislador constitucional y presidente mexicano Benito Juárez – ofrece a los espectadores una crítica de la naturaleza sectaria de algunas radiodifusoras populares: “Las llamadas urgentes a la acción animaron a la gente pero no la educaron”. Al mismo tiempo, cientos de ciudadanos normales aprendieron, durante estas ocupaciones de los medios, cómo operar equipos de difusión y ganaron experiencia en lo referente a cómo comunicarse

Una derrota que no durará

No hay manera en que un simple texto pueda relatar efectivamente la vasta cobertura de este documental. Leer un análisis, simplemente no se puede comparar con mirar y escuchar “Un poquito de tanta verdad” directamente. Sin revelar cómo Freidberg resuelve este capítulo – en el que es el último de una serie de documentales y cortos noticieros que ha producido sobre Oaxaca y sus movimientos políticos – el filme conduce al espectador al asesinato del periodista independiente de Nueva York, Brad Will –ocurrido el 27de Octubre del 2006- , y a los llamados que esto originó, por parte de los presentadores de la televisión nacional y de los comentaristas para llevar a cabo el despliegue de fuerzas federales hacia Oaxaca, con el fin de aplastar al Movimiento. En los Días de Muertos, Noviembre 1 y 2, vemos en el documental los locales honrando a sus vecinos caídos y al extranjero asesinado (“¡Brad! ¡Brad! ¿Qué te han hecho?” grita una mujer gimiendo ante su foto póstuma), ante los arreglos tradicionales y los altares de velas encendidas. El filme, además, documenta la invasión de Radio Universidad, el 2 de noviembre del 2006, por parte de la policía federal, y la batalla victoriosa por parte de la ciudadanía para protegerla. Ahora está de regreso al aire y en manos populares.

Freidberg y sus colaboradores también filmaron la larga marcha efectuada por miles de Oaxaqueños a la Ciudad de México, sus campamentos, protestas y huelgas de hambre en la capital de la nación, así como la traición al sindicato de maestros y a la APPO, por parte del presidente de la Sección 22: Enrique Rueda Pacheco. Nos damos cuenta de que las bases del sindicato rechazan el trato que reciben por parte de su supuesto líder. Uno de sus miembros le dice a la cámara: “cuando alguno de nuestros líderes dice: ‘Nosotros no somos parte de la APPO’, es más fácil para nosotros decir: ‘Ustedes no son nuestros líderes’ ”.

El documental también nos recuerda los terribles eventos del 25 de Noviembre del 2006 , cuando cientos de líderes sociales, junto con ciudadanos del común, fueron golpeados y encarcelados por el gobierno federal. La televisión nacional gritó: “¡no hay represión!”. Mientras tanto la estación de radio pirata del propio gobernador, revelaba los domicilios de los miembros de la APPO, incitando al asesinato y la violencia contra ellos, así como contra miembros de la prensa, incluyendo, a Nancy Davies, quien ha reportado el desarrollo del movimiento desde el principio, con sus comentarios para Narco News y con el libro The People Decide (El Pueblo Decide). Esa noche, la cineasta Freidberg estuvo atrapada entre dos escuadrones de la policía federal que habían estado localizando y golpeando a cualquiera que tuviera cámara. Sólo se escapó gracias a la valiente generosidad de una familia de esa calle que la metió en su casa. Los riesgos que debieron asumir ella y sus colaboradores para dar a conocer este material hacia el mundo fueron considerables, y constantes durante muchos meses. Fue el conocimiento histórico de Freidberg, junto con sus relaciones con Oaxaca y su gente – además de su peculiar sabiduría callejera – lo que la salvó del terrible destino que tuvieron Brad Will y muchos otros.

Extraido de la traducción al español de este artículo de Francisco Álvarez Quiñones

Un poquito de tanta verdad” (A Little Bit of So Much Truth), fue producido por Corrugated Films, en colaboración con Mal de Ojo. Puede ser ordenado en DVD, vía Internet en www.corrugate.org, vía email en info@corrugate.org, o vía telefónica a los Estados Unidos: (206) 851-6785.

Más información en:
narconews.com
chiapas.indymedia.org

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